27 mayo 2011

En la Laguna/Sin Título/Estanley Humayel/núm.1 mzo.07



El hombre no domina la Tierra
Bióloga Alexia


de dónde vino el hombre
y su pie y su mano y su ojo
de barro
desquebrajando la noche

y su sueño    perdido ayer
hace mil años
en su reloj omni-creciente

caminar sin encontrar su costilla
su mujer…

de dónde vino el hombre
antes que la Tierra
convirtiera su camino en polvo
sin ceniza

Palabricolaje/núm.1 mzo.07

Palabricolaje

Esta sección toma su nombre de un conocido término que se ha empleado en distintas disciplinas, y que en su definición más general significa: “alguien que junta objetos e información y luego los une en una forma para los que previamente no habían sido pensados.”

En los estudios de Cultura, el bricolage indica el proceso por el cual la gente adquiere objetos de varias divisiones sociales para crear nuevas identidades culturales. En particular, es una característica de las subculturas, como sucede en movimientos como el Punk. Aquí los objetos -que poseen un significado o ninguno en absoluto en la cultura dominante- son adquiridos para obtener un nuevo significado, frecuentemente subversivo.

En el Arte, el bricolage es una técnica donde se crea a partir de materiales diversos, comunes o a la mano, y se ve como característico de los trabajos postmodernos. Jacques Derrida ya había ampliado esta noción a cualquier discurso, expresando que si uno llama bricolage a la necesidad de pedir prestado el concepto de un texto conocido, entonces cada discurso es ya un bricoleur.

Por analogía podría aplicarse también a la forma fragmentada y simultánea en que trabaja nuestra memoria,  al acudir a la información previamente acumulada cuando requiere aprehender o darle sentido a la complejidad de una o diversas realidades, eligiendo de manera constante entre las enormes cantidades de datos almacenados, aunque en dicho momento no pueda asegurar de dónde proviene cada una.

Lo que aquí propone Palabracadabra es conjuntar en un mismo texto fragmentos poéticos y discursivos, cuyas plumas obedecen a distintas tradiciones y situaciones históricas, donde el gusto por la indagación bibliográfica presta energías,y se confunde deliberadamente con la tarea de difusión. Se trata de abrir ventanas a un universo de significación humana, con la sola intención de seguir la huella de los códigos culturales que nos permiten apropiarnos de la polifónica configuración de nuestro presente.

En este sentido, se presenta un bricolage o ya castellanizado y domesticado, la Palabricolaje, pues quizá sólo de este modo es que textos y autores tan heterogéneos y distanciados en temas, épocas, estilos, y más, puedan convivir en un mismo espacio,  representado por el texto, para mostrarse en el plano relacional de la conciencia.

Lo formalmente lógico habría sido ensayar didácticamente una variedad de discursos, pero esto necesariamente requeriría de un tema o de algún factor que, válido o forzado, los vinculara en una misma sección. Pero no pretendemos que se aborden temáticamente, sino que en este caso la literatura imite el cause de un pensamiento divagatorio que frecuentemente se ve atraído por las fuerzas de la caprichosa casualidad.


A piel de flor, las palabras

Víctor Terán (Juchitán, Oaxaca, 1958)

Voz que es lamento por un pueblo herido. Voz que llama al amor y a su imposibilidad. Voz que coquetea con la muerte, que sabe conjuntar alegría y dolor. Voz donde la palabra que germina se libera al ser escuchada:

Escribir la palabra en flor[1]
Que nadie perturbe mi sitio,
que nadie intente hablarme,
que nadie retoce.
Ayúdenme a cercar
este pensamiento.
Lacen el viento niño
que hostiga aquí mismo
y observen calladamente,
sus ojos no me inquietan,
vean tranquilamente,
como escribe el hombre
la palabra en flor.

Terán es miembro fundador de Escritores en Lenguas Indígenas A.C., y traductor del zapoteco al español de sus propios versos.

Sobre la poética de la experiencia

Gastón Bachelard (1884-1962)

Queremos siempre que la imaginación sea la facultad de formar imágenes. Y es más bien la facultad de deformar las imágenes suministradas por la percepción y, sobre todo, la facultad de librarnos de imágenes primeras, de cambiar las imágenes. Si no hay cambio de imágenes, unión inesperada de imágenes, no hay imaginación, no hay acción imaginante. Si una imagen presente no hace pensar en una imagen ausente, si una imagen ocasional no determina una provisión de imágenes aberrantes, una explosión de imágenes, no hay imaginación.

Gastón Bachelard, como filósofo y ensayista, orientó sus estudios simultáneamente hacia los procesos del pensamiento racional y los de la creación poética. A partir de estas vertientes se desenvuelve su trayectoria intelectual, la cual puede seguirse, por una parte, a través de sus trabajos sobre La formación del espíritu científico (1934-38) y su propuesta El materialismo racional (1953);

Por la otra, durante una primera etapa conduce su análisis hacia los procesos imaginarios, desde un psiquismo hasta cierto punto influido por K.G. Jung, el cual supone una búsqueda muy amplia, recorriendo y analizando diversos autores y temas de la literatura, tomando como base los cuatro elementos fundamentales: tierra, agua, aire y fuego (1938-48); en su etapa madura, se concentra en La poética del espacio (1957) y La poética de la ensoñación (1960), textos en los que recupera su bagaje sobre la actividad imaginadora, para dar cuenta de aquéllas dimensiones humanas que configuran lagestación de la poesía, asunto que lo acompañó casi toda su vida[2].

De un modo más general hay que revisar todos los deseos de abandonar lo que se ve y lo que se dice a favor de lo que se imagina. Así tendremos la oportunidad de devolver a la imaginación su papel de seductora.[3]



Poemínimos y zen-cillitos

Antonio Porchia[4] (1885-1968)

Durmiendo sueño
lo que despierto sueño.
Y mi soñar es continuo.

Italiano de nacimiento, adoptó desde pequeño a la Argentina como patria, escribiendo en español su única obra Voces, un libro de frases poéticas emparentadas con el aforismo.

Mis ojos, por haber sido puentes, son abismos.

El aforismo es una sentencia breve que, redactada en un estilo conciso y directo, expresan un pensamiento, comprimiendo su sentido en el menor número de palabras.

El viaje: un partir de mí, un infinito de distancias infinitas y un arribar a mí.

Debido a esta forma sucinta de escribir, se ha dicho que existe un paralelismo con el japonés haiku, y se han encontrado similitudes con algunas escuelas del pensamiento zen, tanto por su brevedad como porque parecen pequeñas revelaciones, resultado de largos momentos reflexivos.

Cuántos, cansados de mentir, se suicidan en cualquier verdad.



Por la libertad que no hemos conseguido

A estas alturas del siglo XXI, el pensamiento contemporáneo no reconoce cabalmente la trascendencia y originalidad del más importante de los exponentes anarquistas. Mijail Bakunin[5] (1814-1876), decía de sí mismo Yo no soy ni un sabio ni un filósofo, ni siquiera un escritor de oficio. He escrito muy poco en mi vida y solamente lo he hecho, por decirlo así, a pelo, cuando una convicción apasionada me forzaba a vencer mi repugnancia instintiva contra toda exhibición de mi propio yo en público.

Fue contemporáneo de Karl Marx, ambos coexistieron en el marco político organizativo de La Internacional Socialista (La Haya, 1872), de la cual, a raíz de sus diferencias ideológicas, Bakunin y los suyos fueron prontamente expulsados. Desde entonces aquellos hechos descubrían la vena autoritaria del proyecto socialista, a la vez que confinaban a la marginalidad teórico-práctica un movimiento cuyo horizonte utópico dibujaba una sociedad sin Estado burocrático, suponiendo su destrucción a través de un régimen de libres asociaciones de productores y consumidores.

Detrás del anti-estatismo bakuniano y por extensión, en la base del proyecto histórico anarquista, se esconde una profunda concepción de las capacidades humanas, la cual tuvo un lugar más bien secundario en el debate filosófico, y prácticamente ninguno en el plano factual de las relaciones sociales de la modernidad.  


Quiero ser libre y no puedo,
porque en mi derredor
todos los hombres no quieren
ser también libres;
y no queriéndolo
se convierten para mí
en instrumento de opresión.





En este siglo XXI, la marginalidad del anarquismo deviene expresión de las capacidades que la sociedad rechaza ciega y sistemáticamente; mismas que resisten, alimentan la forma y construyen el lugar donde las esperanzas sociales vuelven irreductible la consideración del individuo en su libertad y responsabilidad plenas. 



Mirada de corazón…

Rainer María Rilke (1875-1926).[6]

Quisiera volverme como la gente secreta,
no formar jamás pensamientos bajo mi frente,
encerrar toda la nostalgia en mis rimas
no ofrecer en mis miradas más que una dulzura en germen,
y que mis silencios estremecieran.

¿No traicionar ya nunca más, y de mi soledad
hacer una muralla impenetrable?
Pero cuando, asombrada por un destello de lanzas,
la ruidosa multitud ante ellos se prosterna
sacándose el pecho como un sacramento,
levantan sus corazones, y este corazón la bendice.

…para guardar silencio.


[1] Víctor Terán: Diixda’Xieeñé: “Escribir la palabra en flor” en Palabras descalzas. México, Ed. Bi’cu’nisa, 1997, Segunda Edición.
[2] Al respecto, es elocuente la interpretación y cita del investigador Gianni Lara: Un vivir sin pretensiones, en donde las imágenes se asocian y se integran al orden fundante de la poesía que está por encima del saber humano. De ahí que la experiencia poética de Bachelard parte precisamente de ese no-saber: “El no-saber no es una ignorancia sino un difícil acto de superación del conocimiento. (…) En poesía, el no-saber es una condición primera; si hay oficio en el poeta es en la tarea subalterna de asociar imágenes”, (Lara Cruz, Gianni: Una aproximación a la poesía y al tiempo poético en Gaston Bachelard. http://www22.brinkster.com/artliterarios/escritos/gianni_aproximacion.htm.
[3] Con bibliografía básica de Breviarios, del Fondo de Cultura Económica e  información de www.wikipedia.org
[5] http://es.wikipedia.org/wiki/Bakunin
http://acracia.org/breves.html
www.monografias.com/trabajos14/anarquismo/anarquismo.shtml
[6] Rainer Maria Rilke: “Quisiera volverme” en Antología (Elegias de duino). México, Editorial Letras Vivas, 2006, p. 24

Huéspedes/Tierra fértil/ Francisco Hoil, 1982, Villahermosa, Tab./núm 1 mzo. 07


La hoja se desprende: un péndulo en el aire
afuera las paredes de la lluvia
(miradas)
surcos de agua me alimentan
triste savia Triste
            lejos de mí
dejo de pensar en ella una reina
                  una diosa
Sabia selva negra
puedo olerte todavía
     tu corteza
savia deliciosa te he probado
consciente mi cansancio surca el seno
  el cuerpo
camino perpetuo
camino distante
tragué espinas
trapecios constantes de colores círculos
tragos amargos de espacios en blanco
trasgos que refutan mi camino en dialecto de sexo
acusan con juicios de testigo inexistente
atraviesas musa de silencio
árbol hueco con sombra de árbol
palabra en forma de palabra con sombra de árbol
en sombra de árbol con forma de eco
en forma de palabra con sombra de silencio 
giro de juego: jinete de sueño
en la gruta escapa a su sentido
Puedo olerte todavía
oler tu vida
Anillos concéntricos
de niebla dispersan en rabiosas ansiedades de lunas negras y de savias
a las formas que distingo en una nube
de nostalgia losa antropomórfica figura
se dibuja amarga en la palabra
se deshoja
respira Respira
Respira y se quema
          se tatúa temprano al sol de oeste
          como en mi piel
puedo olerte todavía
oler a tus ideas que se desprenden
como canto triste al atardecer primero de un otoño
como canto cansado y cansado duermo
sin sueño   
                  me repito en mi sombra o un espejo
                  en el eco
            en el verso sigo repitiéndome perpetuo
            desaire de raíz todo lo ajeno
            lo desprecio
      El canon prohíbe mi presencia
Una hoja
se deshace en disculpas al mecerla el viento
entre sus dedos la acaricia cariñoso
despierta conocida sensación
canción que canta sin reparo en antiquísimo dialecto
en dialecto de sexo destila cada poro y la enaltece
una reina
una diosa
una planta nace nueva de la tierra en retoño sobre la leyenda escrita en piedra
lluvia y musgo
           Tiempo
puedo olerte todavía en mi cuerpo
                



Huéspedes/Abecedario I/ Nidia Cuan, 1984, Tampico, Tamps./núm.1 mzo.07


Te voy a hablar de la piedra rota y de los trasueños,
de la palabra que pedí prestada y el ojo bobo que robé
a la niña de enfrente:
la niña de los cabellos limpios y olorosos,
esa que por las noches
se trepaba en mi balcón desabriendo los espejos y
afiliaba sus uñas en la madera del tejado
que nunca visité.
Te verso que sigo aquí,
que vivo y respiro con indecente monotonía,
que malgasté mis dos últimos suspiros y que
vendí mi riñón inservible
el domingo pasado.
Te digo que estoy robando las palabras,
que soy una intrusa más de la voz y de tu perfil
recargado y furioso,
como nube de angora.
Te cuento que todo sigue igual,
que las pestañas me pesan como la luna de noviembre,
casi como los ecos
(secos)
de febrero,
el mes más olvidado por bisiesto,
el más ingrato por mujer
¿Y qué pasa si te digo que me siento manca del lenguaje,
pordiosera en el intento de malvivir mi propia letra?
El signo de interrogación como muleta
el acento que se agolpa en mi ritmo pasado,
el ritmo que está allí disolviéndose en mi lengua
después mi lengua de pez:
mi lengua que baila y se contrae
Rictus
finconelprincipioquenopuededetenerseniacertaraesperar
viene como va
veloz.
Mi lengua quiere correr,
(mi lengua es un apartado lugar del viento).
Mi mano se cansa,
(mi mano es una prótesis).
Toda yo soy una prótesis
toda yo soy un muñón,
mal construido,
de sintaxis triste de sonido seco.

05 mayo 2011

Huéspedes/Expresión celular/Javier Parada/núm. 0 sept. 06

Expresión celular/Javier Parada

29 agosto 13:55

enviado

Tumba perimetral

casa abismal donde el recuerdo

acomoda el semblante levemente frío,

antes de la mañana; un sonido

en espera de volverse signo,

un sol tejido: por todos lados, calma.

1 septiembre 21:43

enviado

pisa mi pie izquierdo la perla que fue

(nomiespírituquevuelahastalatierradehikuri)

noche es y el aire que respiro está contaminado:

occidente/tierratapatía.

En la Laguna/La más suave brisa/Otto Cravi/núm. 0 sept. 06


La más suave brisa/ Otto Cravi
Cuando la tormenta se había convertido en una suave brisa, Alma encontró un lugar disponible para estacionarse en la otra acera, frente a la puerta del salón de fiestas donde se llevaba a cabo la boda de su mejor amiga Cristina. Iba sola, como primera señal de mal agüero, porque su galán de pacotilla la había dejado plantada en su casa, y luego la arrancó de ahí al hablarle por teléfono una hora después de lo acordado, para cancelar la cita. Giró el volante y quedó estacionada con las ventanas de los otros autos paralelas a la del suyo y cuando abrió la puerta le dio un golpe a un mustang amarillo que bien podía haber sido de algún invitado.
Al bajar del automóvil se dio cuenta de que los charco que había dejado la lluvia le impedían bajar de la banqueta. Caminó buscando entre los autos aparcados junto al de ella una vía por donde los charcos fueran lo suficiente escuálidos como para brincarlos, sin las sandalias doradas con incrustaciones de imitación y sin salpicarse los holanes del vestido atiborrado de crinolina. Pero la profunda orilla de la calle estaba completamente inundada.
Buscó en toda la cuadra un camino para cruzar la calle dignamente y lo único que halló fue una parvada de albañiles trabajando a doble turno a la luz de los arbotantes, en la remodelación de un local ahí apostado: le dijeron de todo acerca de sus tetas y de sus nalgas y hasta de lo que se iba a embarazar. Alma se sintió atrapada en la banqueta entre el agua y los gritos libidinosos de los albañiles. Subió de nuevo al auto con la firme intención de irse y perderse la celebración que, de cualquier forma, poco le atraía, pero lo pensó mejor y supo que no se dejaría vencer por ningún infortunio, sobre todo por tratarse de la felicidad de su mejor amiga.
Envalentonada aspiró del aire atestado de partículas de aromatizante barato y volvió a bajar del coche. Caminó en sentido opuesto al de la primera vez para burlar a los albañiles, pero tampoco encontró una brecha adecuada para cruzar la calle y antes de que se diera cuenta, se vio a sí misma doblando la esquina en busca de su destino, rumbo a la acera de la desgracia. En la otra cuadra, los edificios no eran tan bonitos y había varios vagos regados bajo los postes de luz.
Caminó tan rápido como su preocupación iba creciendo, porque los charcos se tornaban más vastos conforme recorría la acera. A su paso los vagos alzaban las manos en son compasivo, pero ella siguió de largo hasta que un hombre mugroso vestido de harapos le dijo: “No vaya para allá porque allá no está lo que usted anda buscando, yo sé que está del otro lado”, y señalaba el camino de regreso al auto. Alma quedó paralizada y volvió su atención al indigente, pero no entendía nada y se sintió tonta por escuchar a un borracho, mientras notaba el poderío de los charcos sobre la calle. Siguió su camino en busca de una forma para poder rodear las aguas y llegar a la boda.
Apenas le fue visible la tercera acera de la manzana, entendió las palabras del vago, aunque ya era demasiado tarde para regresar: era la calle donde empezaba la zona roja de la ciudad, a espaldas de la última cuadra de la zona dorada, donde tenía lugar la boda en que debía estar presente hacía una hora y media. Caminó entre putas y travestis semidesnudos, ataviada con sus mejores galas y se sintió como una flor discriminada por chatarras dentro de un bote de basura. Todos la miraban raro, como si ella estuviera loca y los demás indignados. Un hombre sospechoso vestido con una gabardina de hombre sospechoso la notó y avanzó hacia ella caminando entre las putas, Alma se estremeció y se sintió como a la hora de la muerte. El hombre se le paró de frente y se abrió la gabardina para ofrecerle tiras de pastillas y bolsitas que pensó que eran de cocaína, colgadas de unos ganchitos como bolsas de papitas en una miscelánea. Alma negó con la cabeza. “Pero si no es droga lo que anda buscando en estos territorios donde ni Dios gobierna, entonces sólo puedes ser el amor” –dijo el dealer mientras le guiñaba un ojo.
Alma se siguió de largo y dio gracias a Dios cuando alcanzó la cuarta acera de la manzana viva y sin heridas. Era otra cuadra de edificios no muy bonitos, pero no tan feos como los de la cuadra anterior. Entonces vio a una mujer con un vestido más largo y más corriente que el suyo y la reconoció de inmediato: una mujer tan desesperada como ella por cruzar la calle. Estaba parada en el borde de la banqueta en medio de dos autos estacionados, con la respiración visiblemente agitada, frente al charco más flaco que Alma había visto en toda la manzana y en toda su vida en general, y no porque fuera pequeño, sino porque nunca había puesto atención a las aguas estancadas de la calle.
Se paró tras la mujer. “Disculpe, ¿va usted a saltar?” –le preguntó. La otra asintió con miedo en la mirada. Alma permaneció tras ella como en la fila del supermercado más elegante y luego la vio saltar de forma torpe directamente en el charco, empapándose los zapatos, y no sólo eso, sino que la mujer se fue de bruces contra el filo del agua. Empezó a patalear y a revolcarse en el charquito hasta que se le enredó la cabeza con la falda y Alma vio la forma de la cara de la señora, gritando como un fantasma a través de la crinolina, cada vez más angustiada; entonces se dio cuenta de que la mujer se estaba hundiendo.
Alma alcanzó a reaccionar, buscaba ayuda pero solamente encontró una escoba recargada en la puerta de un comercio adyacente al lugar del siniestro. La tomó y se la extendió a la mujer en problemas. Ya con el agua hasta los pechos, se agarró de la escoba mientras Alma tiraba del otro lado, sin lograr que mujer dejara de hundirse, gritando como una loca. Cuando menos eso pensaron los transeúntes al ver a una mujer culona y empinada entre dos automóviles estacionados e impidiendo a los demás notar el suceso que luego se convertiría en tragedia: Alma sintió hasta los propios huesos en cansancio del brazo de la señora cuando soltó el palo de la escoba y luego la angustia de su mano que apenas sobresalía del agua, como buscando con los dedos consuelo en el horizonte sin que Alma pudiera alcanzarla, hasta que se hundió por completo, mientras los dedos se mecían con el vaivén de los adioses resignados, al ras del charco de la muerte.
Quedó estupefacta y se sentó a lamentar la tragedia, afuera del comercio donde había hallado la escoba. Contuvo el llanto porque en las fiestas no se llora y ella debía ir a una. Juró por el recuerdo de la muerta desconocida que, en contra de charcos, hombres y suerte, lograría su cometido. Al doblar la esquina se halló donde todo había empezado y por fin entendió por completo las palabras del vago: fue donde los albañiles y antes de que pudieran decirle algo les exigió ayuda. Acostumbrados a recibir órdenes, sacaron del local una plataforma para pintar paredes y la pusieron entre la banqueta y la calle, sobre el charco para ese entonces derrotado. Alma cruzó la plataforma de dos metros de altura y se sintió en la cúspide del mundo, mientras los albañiles aplaudían y chiflaban a su alrededor, y no porque estuvieran orgullosos de ella, sino porque desde abajo podían verle las nalgas.
Bajó con mucho cuidado en el otro extremo, casi en mitad de la calle y cruzó triunfalmente su destino. Pero antes de entrar al salón se quedó inmóvil frente al espejo del vestíbulo, porque la más suave brisa, la que un rato antes era tormenta, la había empapado por completo, de pies a cabeza, estropeando su maquillaje y su vestido y entonces notó que se veía horrenda toda mojada. Alma dio media vuelta, se quitó las sandalias doradas con incrustaciones de imitación, cruzó de nuevo la calle, caminó dentro del charco, subió al automóvil y regresó a llorar toda la noche a su casa.

En la Laguna/Palabreviario en vuelo/Ruth Castro/núm. 0 sept. 06

Palabreviario en vuelo/ Ruth Castro

Me lanzo al vacío y apenas me elevo,

busco despierta caída sin miedo,

en descenso roza una mirada.

de ojo abismal-espejo.

Aún triunfa el vértigo:

Sumergido salto en palabras líquidas

Mar de palabras palpables

Siento la palabrisa

Respiro la palabruma

A distancia algo palabrama

Es una palabroma

¡Qué palabrilla la palabrota!

Brota la palabra que brilla

Con palabrújula el vuelo

Palabreve que acaba en balbuceo

¿Cuál es? ¿Cuál es?

P-A-L-A-B-R-A-C-A-D-A-B-R-A

En la Laguna/Ensoñación/Miguel Ángel Espinoza/núm. 0 sept. 06

Ensoñación/Miguel Ángel Espinoza

-¡Señor! ¡Señor! -gritó el aprendiz a su anciano tutor cuando del bosque encantado surgió una criatura enorme y por él nunca antes vista.

-¿Qué sucede? -contestó el tutor desde el campamento, sin despegar la vista de su antiguo grimorio.

-¿Qué cosa es una criatura que es tres a la vez: león por delante, cabra por el medio y serpientes por detrás? -preguntó el chico con espanto, pues la bestia se acercaba sigilosamente.

El maestro siguió leyendo sin hacer mucho caso, pues el estudiante era muy curioso e imaginativo.

Pero la amenaza se acercaba cada vez más.

-¡Señor! -gritó el chico con quebrada.

-Es sólo una quimera! -contestó al fin el maestro y la bestia se desvaneció.

En la Laguna/Palabrújula/Germán Cravioto/núm. 0 sept. 06

Palabrújula/Germán Cravioto

No cabe duda: el presente, la presencia del sistema se está haciendo pedazos; el orden que presuntamente sostiene no consiste en otra cosa que en su continuada fragmentación. AQUÍ VOY CONTRA LAS CELEBRIDADES TAUTOLÓGICAS.

Hablo en sordo, me muevo invisible entre los pliegues de la manifiesta desolación que lo envuelve todo. Me siento al margen de todo, pero me levanto al centro de la i-marginación que mira por lo ancho mi condición deseante, la naturaleza humanizada: en todo, nada guarda parecido con aquello que todavía llaman LÍMITES.

Ceden, se trastocan y caen ¿acaso pueden ver esto? Ya sé, el buen prestigio es profesión de ignorar tempestades: célebre trabajo de hipocresiar la condición predicando tristeza: militancia de ascensión autosublimada hacia la cumbre de los instrumentos.

Atención amigas devoradoras y sujetos comprensivos en general: entre la comidilla de celebridades tautológicas se erige el pen-último de los función-tenientes de la complacencia falocentrista. “Leamos a los humanistas” dice y hace de esto oficio de ocultar su única práctica y verdadera filosofía: “enseñarse a obedecer, cuando nadie lo exige, es la vía segura al preciado bien del RECONOCIMIENTO.

¡Qué honor, qué honor y qué bueno que tiene todas las prebendas, disposición a las tabernas y obtusas presunciones de mucho apego a lo local!

AQUÍ claro que el saber le impronta

DONDE el dinero opaco que lo mueve

AHORA ahoga sus escrúpulos alcanzando extraordinarios niveles de alcoholemia.

El triste fulgor de decir las cosas aseverando las cosas aún sirve para ocultar una cosa insoslayable: nunca el mundo humano había sido tan in-humano como éste; ajá, el pretendido orden llega al punto de requerir la inmóvil-unidad de conciencia y/o que las capacidades gen-eracionales desaparezcan. Ja, ja, ja, casi no quede duda: nos gobierna gente muerta. Llegado al punto el mayor-domo se a-sincera ¡¡¡sucede que el mundo está lleno de una mierda que no supimos ver!!!

Aún por nacer, me escondo tras los nombres que despliegan in-versiones de la vida: es mi primera casa-el último de los reductos: la unidad tirana no asume costos y asperja las esquirlas: ahí viene la mía, la alcanzo: punta de diamante, limpia, dolorosa en mi cabeza: abre poco a poco el sentido de tierra que súbito atraviesa mi vientre.

Tengo un NO en la boca de mis sesos, un sí en los oídos de mi piel. Mucho más allá de la angustia hay un dolor libándose a sí mismo, poniéndo-se al sol: en silencio captura las esporas de la duda y entonces brota como las palabra flor-de-multi-tenue-color-ido.

Esto es decir: Ya basta de tanta mierda. Remover. Remover. ¡¡¡ABRAN LAS PUERTAS!!!

Clásicos/Soy vertical, pero preferiría ser horizontal/Silvia Plath num. 0 sept. 06

Soy vertical, pero preferiría ser horizontal

Silvia Plath

Soy vertical

pero preferiría ser horizontal.

No soy un árbol con las raíces en la tierra

absorbiendo minerales y amor maternal

para que cada marzo florezcan las hojas,

ni soy la belleza del jardín

de llamativos colores que atrae exclamaciones de admiración

ignorando que pronto perderá sus pétalos.

Comparado conmigo, un árbol es inmortal

y una flor, aunque no tan alta, es más llamativa,

y quiero la longevidad de una y la valentía de la otra.

Esta noche, bajo la luz infinitesimal de las estrellas,

los árboles y las flores han derramado sus olores frescos.

Camino entre ellos, pero no se dan cuenta.

A veces pienso que cuando estoy durmiendo

me debo parecer a ellos a la perfección

oscurecidos ya los pensamientos.

Para mí es más natural estar tendida.

Es entonces cuando el cielo y yo conversamos con libertad,

y así seré útil cuando al fin me tienda:

entonces los árboles podrán tocarme por una vez,

y las flores tendrán tiempo para mí.

04 mayo 2011

Clásicos/Altazor/Canto I (fragmento)/ Vicente Huidobro/núm. 0 sept. 06


Altazor/Canto I (fragmento)
Vicente Huidobro

Embruja el universo con tu voz
Aférrate a tu voz embrujador del mundo
Cantando como un ciego perdido en la eternidad
Anda en mi cerebro una gramática dolorosa y brutal
La matanza continua de conceptos internos
Y una última aventura de esperanzas celestes